Hola señores embalados...Nadia me chismeo un poco de la reunión anterior y me saltó a la mente un pequeño texto de Roland Barthes que forma parte de ¨La cámara lúcida¨, asi es que se los transcribo junto con la imagen a la que hace referencia:
" La pornografía representa ordinariamente el sexo, hace de él un objeto inmóvil (un fetiche), incensado como un dios que no sale de su hornacina; a mi parecer, no hay punctum - Roland Barthes define el punctum así: pinchazo, agujerito, pequeña mancha, pequeño corte y también casualidad. El punctum de una foto es ese azar que en ella me despunta pero que también me lastima, me punza.-....retomando, no hay punctum en la imagen pornográfica; a lo sumo me divierte (y aun: el tedio aparece pronto). La foto erótica, por el contrario (esta es su condición propia), no hace del sexo un objeto central; puede perfectamente no mostrarlo; arrastra al espectador fuera de su marco, y es asi como animo la foto y ella me anima a mí. El punctum es entonces una especie de sutil más-allá-del-campo, como si la imagen lanzase el deseo más allá de lo que ella misma muestra: no tan solo hacia "el resto" de la desnudez, ni hacia el fantasma de una práctica, sino hacia la excelencia absoluta de un ser, alma y cuerpo mezclados. Este muchacho del brazo extendido y sonrisa radiante, aunque su belleza no sea en modo alguno académica y esté medio salido de la foto, deportado al extremo hacia un lado del marco, encarna una especie de erotismo alegre; la foto me induce a distinguir el deseo pesado, el de la pornografía, del deseo ligero, del buen deseo, el del erotismo; después de todo, quizá se trate de una cuestión de "suerte": la fotografía ha captado la mano del muchacho (el mismo Mapplethorpe, creo) en su grado óptimo de apertura, en su densidad de abandono: algunos milímetros de más o de menos y el cuerpo intuido no se hubiese ofrecido de forma tan condescendiente ( el cuerpo pornográfico, compacto, se muestra, no se da, no hay ninguna generosidad en él): la Fotografía ha encontrado el buen momento, el kairós del deseo.

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